sábado, 7 de marzo de 2015

Kingsman. Servicio Secreto

No hay mucho que contar respecto al tono de esta película cuando sabemos que Matthew Vaughn se encarga de la dirección porque Mark Millar le ha vuelto a prestar su juguetitos dibujados en un cómic para que haga lo que le plazca con ellos. Si aún no sabes de que estamos hablando, quizá te refresque la memoria saber que no es la primera vez que colaboran juntos, sino que muy probablemente ya hayas visto cómo se les pueden ir las cosas de las manos (algo de lo que no nos quejamos) en Kick-Ass. Sí, aquella película que parecía romper moldes, pero que no terminaba de desfasar, ha encontrado una nueva hermana que llega para hacerte reír, saltar del asiento, recordar grandes momentos del espionaje cinematográfico, buscar alguna mueca entre el asco y la gracia en tu rostro, y crear un espectáculo pirotécnico de alto voltaje.




Esta divertida comedia de espionaje cuenta con un reparto de lujo en la segunda línea de fuego para arropar a un novato como Taron Egerton que, aunque parezca perdido en más de un punto, consigue sacar a flote una interpretación que despliega sus armas barriobajeras en un mundo de caballeros. Y son precisamente esos caballeros a los que dan vida grandes conocidos como el siempre simpático Mark Strong, un tal Colin Firth -que nunca antes se había visto en una película con tanta acción y delirios-, y el veteranísimo Michael Caine, quien pone la conexión definitiva de la película con el cine de espionaje de los años 70 y 80 que tantas referencias encuentra en este metraje.


Su calidad como fuente de entretenimiento no se pondrá en duda, además de su capacidad de gustar a diferentes públicos con un repertorio de gags bastante colorido. A caballo entre los mejores 007 en la idea de derrotar al malvado supremo con cachivaches de los más variopintos y las estupideces de otras comedias de espionaje como "Aterriza como puedas", esta descabellada aventura a contrarreloj por pillar al hilarante malvado interpretado Samuel L. Jackson -el otro invitado de lujo a la fiesta- entremezcla sátira con homenajes, humor inglés con chistes baratos y acción espectacular con efectos muy comiqueros.


Desde la sorprendente -para bien o para mal, pero sorprendente- escena inicial con los magníficos Dire Straits de hilo musical hasta un final apoteósico; pasando por momentos de descontrol absoluto que siguen sorprendiéndonos, alguna clave satírica a los cerebros fritos por las tecnologías o el fuego entrecruzado por el "swag" de L. Jackson, el "underground" de Egerton y el "style" de Firth; la película explota -en todos los sentidos- en la pantalla y crea un entretenimiento gamberro que no te arrepentirás por haber visto. Con una dirección ágil, rápida y colorida, Vaughn deja fluir el guión sin temer a que todo se le vaya de las manos y nosotros quedamos más que satisfechos. Ahora sólo falta esperar a la siguiente obra capaz de aunar tanta acción, sátira, humor, parodia... Y estupidez.



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