lunes, 13 de julio de 2015

El Niño 44

El cine entendido como vía de escape y desconexión de la vida rutinaria es un apunte esencial para todo aquel que aprecie este arte. Sea una gran obra o una menor, puede ganar tu aprobación siempre que consiga hacerte olvidar tus propios problemas y que estos pasen a ser de otros durante dos horas (observación de algún personaje que leí hace un tiempo y se me quedó grabada). Pues bien, todo esto viene a que hacía un tiempo que no me ocurría algo en el cine, algo que me ocurrió con esta película; llegar a un punto de desconexión total en el que no sabes ni en qué estabas pensando 3 segundos antes. La sensación no era de abandono de tus problemas para averiguar cómo resolver los de los protagonistas, si no que te desplazaba incluso fuera de la propia acción de la película, que no queda definida en ninguna dirección hasta bien cerca del final de la misma; momento -como es de imaginar- en el que ya estabas tan fuera de todo que no esperabas ni sorpresas ni timos, simplemente ver los títulos de crédito y volver cabizbajo a casa.



Bien conocida es la versatilidad de Tom Hardy para interpretar lo que le pongan delante, así como también es de alabar su buen ojo a la hora de seleccionar papeles que le supongan un reto interpretativo. Aquí, aunque no se trate de su mejor papel, consigue dejar momentos de genialidad interpretativa y acercarnos a esa sincera conexión con Noomi Rapace que ya pudimos disfrutar en la genial 'The Drop', donde nos descubrieron que menos también puede ser más; justo lo contrario que ocurre en esta ocasión. Daniel Espinosa aporta frialdad y crudeza a unas oscuras imágenes que describen las líneas que Richard Price adaptó de la novela homónima, pero el intento de complejidad y la variedad de líneas argumentales generadas crean una confusión que quizá un libro pueda mantener pero que en la película aparecen como apuntes forzados de los que luego se olvidan, más que como detalles que realmente aporten un sentido al todo.



Ese se convierte en su mayor pecado; querer abarcar más terreno del que pudieran plantearse en un principio. Ahí es donde surge la confusión y es obligado preguntarse cuál es realmente la intención de la película. Su argumento parece basarse en las desapariciones a modo de thriller de investigación, pero los ámbitos matrimoniales, la homosexualidad, la represión, la racionalización de alimentos, los maniqueísmos y la crítica a otros muchos aspectos del régimen quieren tomar su porción en pantalla y terminan desfigurando lo que realmente interesa -o lo que se supone es el centro de la trama-, aunque aporten una visión más política. Demasiado que decir para un resolución poco elaborada; tantos frentes abiertos en pantalla hacen que la guerra se pierda, aunque el buen hacer de su director deje alguna marca que nos hace desear que la película no fuera tan frustrante.
PD: El doblaje de Tom Hardy es pésimo.






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