sábado, 12 de marzo de 2016

¡Ave, César!

Hoy aprenderemos una gran lección (si aún no la traíamos aprendida de casa): no siempre podemos apostar a ciegas por el nombre de los creadores de un nuevo filme, nuestra simpatía por títulos pasados de los mismos y la ferocidad del trailer.

Decimos esto porque nuestros queridos hermanos Coen han creado con su última obra un producto colorido, llamativo y ruidoso -víctima en mucho momento de su propio trailer comercial-, olvidándose de dos cosas que siempre habían parecido esenciales en su cine; la elaboración de personajes de gran solidez y la imposición de un leitmotiv que hubiera focalizado la trayectoria de su guion hacia un punto claro, y no un conglomerado de anécdotas que no llegan más allá de la propia duración del filme. Y es que, '¡Ave, César!', utiliza todas sus fuerzas en un sprint cómico inicial y flaquea cuando al espectador se le han acabado las palomitas y comienza a centrar realmente su atención en la pantalla. Si eso fue lo que te ocurrió, viste que ya era tarde, amigo.  

Los Coen prometían con este título una comedia delirante, alocada y fresca ambientada en la edad dorada de Hollywood; los portentosos años 50. ¿Lo consiguen? Sí, bueno, a ratos. No podemos negar que la película deja escenas memorables como la de las sirenas, los marineros o alguna conversación con los comunistas; al igual que tenemos que quitarnos el sombrero ante una cinematografía cuidada, portentosa y que se permite jugar incluso con el ratio de la pantalla para adentrarnos en las filmaciones... Pero... -qué miedo da cuando aparece esta palabra-... sus historias entrelazadas acaban funciéndose en una resolución simple, obra del destino, y no de las acciones de los personajes que únicamente se dedican a vagar de escena en escena buscando el siguiente gag, que muchas veces queda construido en base a referencias cinematográficas que a un público -como un servidor- no-fanático del cine de los 50 y sus historias se le escaparán.



Después de ver la película te habrás reído en bastantes ocasiones, no mentiremos, y aún así sentirás que has pasado muchas cosas por alto. Los hermanos se lo han debido pasar de maravilla filmando esta película, y estaría dispuesto a apostar que la camarilla hollywoodiense que conozca los entramados de la industria en aquellos años la disfrutará como enanos, no tanto el gran público. A la espera de una comedia desnortada, satírica y divertida, nos encontramos un disfrute para unos pocos, que al resto nos permite el lujo de reírnos y disfrutar de ciertas escenas con personajes desdibujados, aunque muy representativos de sus trabajos o ideales. 

En definitiva, perdonaremos a los hermanos Coen por esta diversión personal y esperaremos a su próximo título. Al fin y al cabo, no podemos enfadarnos con ellos, no siempre pueden gustar a todos... "Shhhi fuera aaaaalgo tan shhhimple".






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