miércoles, 20 de abril de 2016

Room - La Habitación

¿Y si tus conocimientos, habilidades, relaciones... toda tu "realidad" no estuviera formada más que por meras imágenes de un mundo exterior que no conoces? ¿Y si esas imágenes no son más que sombras de una realidad que no logras alcanzar, que para ti no existe allá afuera y está lejos de toda capacidad racional que puedas desarrollar? Platón nos habló hace más de 2.000 años de que nunca conoceremos el mundo real -el de las ideas-, si no logramos salir de la cueva donde sólo logramos ver las sombras de objetos que nosotros consideramos como nuestra "verdad". A través de su "mito de la caverna", el filósofo griego nos planteaba una alegoría en la que ciertos prisioneros consideraban como realidad sombras de objetos proyectadas en una pared, pero que, una vez liberados, serían capaces de reconocer los objetos que provocaban las sombras como un nuevo nivel de realidad, para más tarde, y tras una escarpada subida, salir de la cueva y contemplar las ideas absolutas detrás de todo objeto real.

Pues bien, dicho esto, no hace falta ser más redundante en la clara analogía que se quiere plantear aquí; prisioneros, sombras, adaptación y realidad. Room plantea un perfecto paralelismo con la teoría platónica donde el conocimiento sólido del mundo de este prisionero encarnado por Jack no viene si no de unas sombras proyectadas -en una versión 2.0 del mito- en la pantalla de televisión como único nexo con el mundo exterior.

En poco tiempo, y con una narrativa excelente desde la mirada inocente del pequeño, conocemos su mundo 'real'; cuatro paredes, muebles viejos y una pequeña ventana en el techo. La maravillosa interpretación de Jacob Tremblay nos convence de su talento natural y eleva a la excelencia la actuación de Brie Larson como Ma (la madre de la criatura y tutora en su futuro descubrimiento). Ambos generan a la perfección el ambiente necesario para que el público conecte de lleno con el drama, sin necesidad de reparar en cargantes flashbacks.

Ma lleva siete años capturada, donde los últimos 5 los ha pasado acompañada de su hijo; esta premisa es tan necesaria para entender el guion como innecesario sería dotarla de mayor lujo de detalles, pues la historia que vamos a escuchar no es sobre un rapto, sino sobre una liberación y proceso de adaptación a un mundo en el que todo será completamente nuevo para Jack; un nuevo mundo cognitivo que chocará con su mirada inocente y que generará en él un nuevo mecanismo de desarrollo ajeno a su cueva.



La genialidad de la película radica en la facilidad con la que plantea el proceso de readaptación al mundo exterior de Ma y Jack para que el público pueda entender y empatizar con ambos puntos de vista. Por un lado, Ma debe enfrentarse a una presión mediática y globalizada en un mundo del que fue despojada cuando tenía 17 años, esto le plantea un coche brutal en el que su realidad no tiene nada que ver con aquella que ella recordaba -genial escena en la que vuelve a su habitación de adolescente. Por el otro lado, hablamos de Jack, un niño que nunca ha visto un coche o un pájaro en la vida real. Asustado, pero con curiosidad natural, Jack se desarrolla en su nueva situación gracias a la preparación de su madre con las charlas sobre el "mundo exterior" cuando aún están cautivos y a su propia plasticidad emocional y racional típica en las mentes de todos cuando somos niños.

Por ello, podemos determinar que 'Room' funciona como un drama con antecedentes de brutalidad inhumana, pero también como una reflexión filosófica sobre el conocimiento, la privación de las libertades, la magnitud de las cosas que podemos llegar a considerar ínfimas o la adaptación a nuevos entornos. Con interpretaciones psicológicamente extenuantes gracias un guion maravillosamente orquestado, esta pequeña película se convierte en un título de recomendación obligada 







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